5 cosas que no sabía de mi madre hasta que tuve una hija

Relación Madre-Hija

Como la mayoría de las niñas de 4 años hacen con sus madres, mi hija quiere que le guarde su basura todo el día – envolturas de botanas, servilletas usadas, plumones que no sirven. Ella también me da la muñeca cuando está lista para usar la motoneta, la sudadera cuando tiene mucho calor y la hojita que “tuvo” que recoger pero que no puede sostener. No tengo una bolsa tan grande como para guardar todos los  artículos que recolecta en una sola salida.

Es por esto que, en una reunión familiar, cuando mi hija me dio el papelito que le quitó a la calcomanía que se puso en la frente, sólo pude hacer una cosa. Volteé la mirada y se lo di a mi madre. Y ella lo tiró.

El convertirme en madre tuvo que haberme curado de pasar por alto a mi mamá. Sólo que no funciona de esa manera. Es un proceso. Con cada meta importante que  logro como madre, descubro algo nuevo de mi mamá. Por ejemplo: 

1. Siempre hay algo más de nuestra historia que no sé. 

Quizás la parte más difícil de una maternidad nueva es darse cuenta que todas las memorias tempranas serán invisibles para tu hija. Desde ya, mi hija de 4 años, no recuerda que la sostuve en mis brazos por horas mientras ella dormía de bebé. Cuando tenga 16 años, definitivamente no recordará cuando escribimos una historia absurda en el museo ayer, sin importar lo divertido que fue.

Mi mamá me cuenta experiencias como éstas, las que tuvimos cuando yo era chica, y me hace darme cuenta que  siempre me las recordaba durante otros momentos que pasábamos juntas. Ella sabe más de mi que nadie, más que yo misma. Ella ve a la bebé que fui, a la niña que me convertí y la adulto que soy ahora, todo en uno.

2. Y es por eso que siempre quiere que me vaya a dormir

Cuando le lloré a mi madre sobre tener una hija a la que tenía que mecer todas las noches para que duerma y le decía “Sólo quiero que duerma. ¿Es mucho pedir?”, ella me decía “Exacto. Eso es lo que pienso de ti”.

En otras palabras, si pasas los primeros 8 o 9 años rogándole a tu hija que se duerma, eso va a ser un hábito difícil de romper. Recientemente, me dijo que una de las mejores noches de su vida fue cuando se dio cuenta de que yo ya era lo suficientemente grande como para quedarme despierta con ella.

3. Mi tristeza también le duele a ella. 

No es sólo porque ella quería quedarse más tiempo despierta por lo que quería que yo durmiera. Es el trabajo de un padre fomentar buenos hábitos para dormir y saludables, uno aprende temprano, al igual que el enseñarle a una pequeña personita a disfrutar de los vegetales y a lavarse los dientes, inclusive cunado las dos quieren ser flojas. Pero mi mamá también sabe que estar cansada me convierte en un desastre depresivo. Ahora, he visto a mi hija llorar cientos de veces – porque su cereal se cayó al piso, no quiere irse del parque, quiere escuchar su CD en el coche… ¿Pero los momentos cuando llora con lágrimas de verdad porque tiene miedo o está sufriendo o verdaderamente triste?  Odio esos momentos. Me matan.

4. Ella de verdad quería escuchar como me fue en el día, y quizás todavía quiere. 

Los cuatro se están formando para ser mi edad favorita hasta el momento, más que todo porque mi hija ha aprendido a contar historias. Además, tiene la capacidad para recordarse de lo que pasó desde la mañana por lo que hace de sus anécdotas algo más increíble. Cada vez que mi mamá me dejaba hablar de mi día, sin yo preguntarle nada sobre el suyo -que quede claro-, se sentía bien pero creo que al final puedo entender por qué quería escucharme.

5. Ella es más fuerte de lo que nunca imaginé

Tengo un esposo que trabaja en las noches y los fines de semana. Es difícil para mi trabajar a tiempo completo y luego tener el turno de la noche para cuidar de mi hija. Ocuparme de ella los fines de semana sin mi pareja a veces se siente como un deporte extremo. Pero yo no soy una madre soltera en realidad, como lo era ella. Ella lo hizo todo. Sola. Todos los días. Sabiendo lo que eso significa hoy en día, no puedo estar más impresionada. 

Aprendí que las mamás somos personas. Convertirse en adulto, conocer a mi mamá como uno, refortalece esa idea. Pero tener un bebé me enseñó que las madres también se redefinen con la maternidad. Nosotras guardamos objetos, historias y emociones. Y estos son roles que no puedes entender bien hasta que te conviertes en madre.

Fuente: HuffingtonPost